He estado pintando, en eso surgen preguntas que no obstante el deseo de uno, parten hacia la duda.
Es como comenzar un viaje, cual si bien uno lo pudo haber preparado con antelación, siempre resulta incierto.
No es un viaje como cualquier otro rutinario o de relajo que uno pueda hacer, simplemente se viste de plan y uno vive un grado de incertidumbre al tratar de descubrir lo que cada tramo le depara.
En eso se ha convertido esta nueva etapa de la pintura, pero todo cobra sentido, lo que hice antes, lo que haré después.
Es entonces, al observar la pintura, todavía en proceso cuando se me vino a la cabeza todo esto; veo el color que se amplía y siento que la pintura en su totalidad me invade. Con envolvente tendencia, para luego retornarme al asiento desde donde trabajo y seguir reflexionando sobre este proceso, antiguo y nuevo a la vez.
Es algo mágico, a la par de la pintura y este nuevo descubrimiento, me siento cansado y feliz, paradójicamente renovado en fuerzas y sentido. Esta sensación, es algo impagable, me indica como buena estrella que el rumbo de este barco no está equivocado, simplemente tengo que avocarme y navegar, conociendo cada palmo, viviendo cada ola, es este viaje maravilloso el que siempre quise emprender.
El viaje grande y el pequeño también.
Cual cruzada contra pétreos y fantasmales molinos de viento convertidos en gigantes, contra la ignorancia que poseo, galopando sobre mi anoréxico corcel de ideales, que se tornará en briosa bestia para la celebración de la maravilla.
Comenzando por mi sorpresa, mi maravilla que ya empieza.
Es como comenzar un viaje, cual si bien uno lo pudo haber preparado con antelación, siempre resulta incierto.
No es un viaje como cualquier otro rutinario o de relajo que uno pueda hacer, simplemente se viste de plan y uno vive un grado de incertidumbre al tratar de descubrir lo que cada tramo le depara.
En eso se ha convertido esta nueva etapa de la pintura, pero todo cobra sentido, lo que hice antes, lo que haré después.
Es entonces, al observar la pintura, todavía en proceso cuando se me vino a la cabeza todo esto; veo el color que se amplía y siento que la pintura en su totalidad me invade. Con envolvente tendencia, para luego retornarme al asiento desde donde trabajo y seguir reflexionando sobre este proceso, antiguo y nuevo a la vez.
Es algo mágico, a la par de la pintura y este nuevo descubrimiento, me siento cansado y feliz, paradójicamente renovado en fuerzas y sentido. Esta sensación, es algo impagable, me indica como buena estrella que el rumbo de este barco no está equivocado, simplemente tengo que avocarme y navegar, conociendo cada palmo, viviendo cada ola, es este viaje maravilloso el que siempre quise emprender.
El viaje grande y el pequeño también.
Cual cruzada contra pétreos y fantasmales molinos de viento convertidos en gigantes, contra la ignorancia que poseo, galopando sobre mi anoréxico corcel de ideales, que se tornará en briosa bestia para la celebración de la maravilla.
Comenzando por mi sorpresa, mi maravilla que ya empieza.

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