martes, 3 de febrero de 2009

La traducción y la honestidad en la pintura


Hoy he borrado lo que había puesto en este lugar, pues ahora el tema es diferente.
Seré fiel a la orientación de este blog.
He estado en la inauguración de la exposición Venezia de Oscar Villalón.
Esta exposición se puede ver hasta el mes de abril (pedir informació en el link) en la galería Victoria Hidalgo http://www.victoriahidalgo.com/ .
Cada semana que pasa, me envuelve más el arte. Me transformo poco a poco en lo que alguna vez fuí y que debía continuar siendo.
Veo y aprendo lo que me rodea cada vez con ojos de pintor, lo que es como debe ser.
Del título se desprende esa mirada, que a la vez que traduce, sea la obra figurativa o no, realista o abstracta.

La honestidad es el idioma con que se traduce o se cuenta, una realidad fenoménica, que es o no como la percibe el pintor, que puede ser o no, de esa manera. Véase el retrato de Gertrud Stein por Picasso, cual es casi un autorretrato.

Si se recuerda el autorretrato de Albrecht Dürer que hay en el Museo del Prado, se puede uno sorprender por lo NO realista que es, nótese la perfección de la pincelada, esos cabellos imposibles y su dibujo rigurosamente descriptivo de los rasgos.
Deja de ser real, pasa a ser su espíritu el que nos observa y transmite con quietud un mundo de ocupaciones, de pensamientos, de mirada profunda, de sensibilidad.
Me doy cuenta que estoy loco y desquiciado, pero la pintura habla, me habla.
Me cuenta cosas que suceden, vivencias del pintor y su estado de ánimo. De la furtiva pincelada que sé notar.
Eso es lo que vale la pena, el lenguaje honesto del pintor. Como sea, lo que fuere que cuente.
Es el espectador, a quien el pintor se debe, cual es al actor su público.
En el caso de la pintura de Oscar, un logradísimo dibujo y una síntesis encantadora de lo que es la ciudad de Venecia, Un aire desolador y cálido a la vez, una ciudad preciosa y difícil se nos erige enfrente.
Todo con lo que trae la vida moderna, es gratificante espaldarar a este colega, quien encarna una forma romántica de persona, el pintor de hoy en día.
En esto radica la honestidad del pintor, que no puede escapar a plasmar en la tela quien es.
Somos los Prometeo actuales, encadenados a vaciar las entrañas mostrando lo que tenemos dentro con pigmentos y medios sobre soportes.
Estamos condenados por traer a nuestros semejantes el fuego de las artes y querer ser un dios por la virtud conseguida.

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